Los gatos de generación en generación han sabido guardar los secretos de los faraones,
cuando menos se les piensa ya son adorno de biblioteca o gruñido de alféizar; están alejados del anonimato hasta creerse árbol cargado de nidos deliciosos, su linaje ostenta cierta indisciplina y se enamoran de las moscas que se cuelan por la rendija de la puerta, ahí donde tú ya sabes, un poco más abajo de la falleba. Un día cualquiera consiguen ver la puerta de tus sueños, entonces, es un trabajo sacarlos de tu imaginación, borrar las huellas de sus patas vagabundas, darles huida de veras mientras nos ven. Atentos, olvidan los secretos de lo humano, y se esfuman en el morir para seguir eternos jugueteando a los pies del faraón, que de hecho, sonríe con ternura.
cuando menos se les piensa ya son adorno de biblioteca o gruñido de alféizar; están alejados del anonimato hasta creerse árbol cargado de nidos deliciosos, su linaje ostenta cierta indisciplina y se enamoran de las moscas que se cuelan por la rendija de la puerta, ahí donde tú ya sabes, un poco más abajo de la falleba. Un día cualquiera consiguen ver la puerta de tus sueños, entonces, es un trabajo sacarlos de tu imaginación, borrar las huellas de sus patas vagabundas, darles huida de veras mientras nos ven. Atentos, olvidan los secretos de lo humano, y se esfuman en el morir para seguir eternos jugueteando a los pies del faraón, que de hecho, sonríe con ternura.
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